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La prueba de la abundancia: lo que revelas cuando pagas

11 sept
6 min de lectura

No sé desde hace cuánto tiempo hemos llegado a creer que la abundancia se logra cuando una persona recibe algo en grandes cantidades; o de mejores calidades; estoy hablando de cuando una persona aumenta sus ingresos; o tiene una mejor oportunidad laboral; o encuentra una relación personal mucho más nutritiva que las que tuvo hasta ese momento. La persona cambia lógicamente de estatus y se le ve “mejor”.



Sin embargo, existe una pruebita reveladora de la realidad: hay que observar qué ocurre dentro de la persona cuando tiene que pagar (entregar algún tipo de recurso) por algo que considera valioso. Posiblemente no lo habías visto; pero mientras tenemos la palabra “abundancia” viviendo en el mundo de nuestras ideas, estaremos bien con nuestra propia idea. Ojo porque estoy diciendo que es nuestra idea. Esa idea a partir de la cual podemos, fácilmente, hablar de crecimiento, o de expansión o de nuevas posibilidades; eso sí, siempre y cuando eso que deseemos no exija, todavía, una decisión concreta o real.

La verdadera confrontación empezará cuando la idea deje de ser una opción remota y nos veamos enfrentados a tener que elegir para crear una acción: consignar, firmar, entregar, gastar. Es en ese momento exacto, cuando aparece algo que rara vez queremos observar con detenimiento: nuestra relación Real con el Valor.



Y ojo que no escribí dinero. No. Escribí “Valor”. Te lo aclaro para que veas que el dinero solamente es una materialización; un símbolo físico visible Real de una negociación mucho más profunda que ocurre dentro de nuestra propia mente. Cada pago, compra o inversión importante activa un diálogo interno donde aparecen, en el espacio mental, nuestras creencias sobre nuestro merecimiento, nuestra seguridad, nuestra capacidad y nuestro futuro. No sé si lo habías visto. Es posible que no, porque yo lo pillé hace relativamente poco.



Es por eso que dos personas pueden enfrentar exactamente la misma decisión económica y vivir experiencias completamente diferentes. Una puede ver el episodio como una oportunidad de crecimiento mientras la otra puede sentir que lo que tiene que decidir, pondrá en peligro cosas que ha conseguido proteger hasta ese momento. No se trata específicamente de la cantidad disponible de algo propio. Aunque puede ser así, lo que generalmente se afecta está en la estructura desde la cual interpretamos esa cantidad. O puede ser también la afectación sobre una calidad. Allí también aplica.



Ilustración de Luis Ardila sosteniendo un dólar como símbolo de abundancia, valor e inversión consciente.


El precio de crecer


Ya sabes que hay cosas del supuesto desarrollo personal que me molestan. Una de ellas es el hecho de que una persona quiere una realidad nueva, pero quieren construirla utilizando exactamente las mismas formas de estructura mental que usaron para crear su realidad actual, la realidad que evidencian cuando vienen a consulta. Hay quienes quieren mantener ciertas condiciones que son precisamente las que más desarmonía y caos generan para ella. Hay quienes quieren expandirse, pero sin consciencia (o sin molestias). Y hay, incluso, quienes quieren mejorar, pero invirtiendo lo menos posible en eso que podría ayudarles a lograr su equilibrio y bienestar, que son las bellas personas que llegan pidiéndome rebajas en el cobro, sin que hubiéramos hecho nada.



Y entonces, como un mago de fiesta de pobres, tengo que hacer aparecer la pregunta que te puede joder la vida: ¿realmente estás buscando crecimiento o solamente estás buscando una versión más cómoda que te permita hacerle el pasar a tu situación actual?



El hecho de crecer encierra siempre algún tipo de intercambio. A veces se intercambia dinero, sí. A veces se intercambia tiempo o tiempo por dinero. Pero para sanar, la mayoría de las veces debes intercambiar tu identidad antigua que generalmente es, al menos limitante, por otra identidad nueva que no te dará, ni por las curvas, la conocida sensación de seguridad y de predictibilidad, que te daba la anterior. Hacer predecible genera tranquilidad a tu mente, así lo predecible sea el caos y el Sufrimiento. Es curioso, pero te aseguro que es así.



Y aquí es donde se destapa una crítica que hice en mi clase del lunes por la noche. La mayoría de personas no tienen lío con la falta de oportunidades. Tienen líos con la capacidad interna, mental, de reconocer una oportunidad cuando aparece frente a nuestras rayadas gafas; y mucho menos la vemos cuando esa oportunidad exige, como te expliqué arriba, el abandonar una parte de la identidad que esa persona ha construido y que cree que es uno de sus mayores tesoros.



No siempre nos da miedo porque aparezca un peligro. A veces nos da miedo porque lo que aparece puede ser demasiado grande para la versión que tenemos hoy, de nosotros mismos.



La mente que conserva

No sería válido, desde el punto de vista lógico, que yo concluyera que toda persona que dude frente a una inversión estará actuando desde la escasez o la pobreza. La economía consciente implica análisis, liderazgo y capacidad para evaluar las consecuencias de las dos; una persona consciente no va a entregar sus recursos simplemente para demostrarle a alguien, que confía. Y a propósito, te dejo el link del curso en diferido haciendo clic aquí.



Y sigo, explicándote que la abundancia no consiste nunca en gastar sin criterio; tampoco se mantiene o se multiplica así. Para hacer estas tres cosas (crear, mantener y multiplicar) con la Abundancia, se debe desarrollar una serie de criterios suficientes para saber cuándo un recurso o un capital debería permanecer quieto o cuándo ese capital debe convertirse en una herramienta de construcción de otro capital.



El lío (que en realidad es una desarmonía), aparece cuando ese diálogo que tenemos con nuestro Ego, en nuestra mente, deja de ser una estrategia productiva y beneficiosa para nosotros y nuestro entorno y se convierte, reiteradamente, en una identidad limitante. Si yo protejo mi dinero porque cualquier movimiento (meterlo al banco, sacarlo del banco, dejarlo en casa, invertirlo, comprar algo o prestárselo a un familiar) representa una amenaza, entonces ese dinero ha dejado de convertirse en una herramienta para pasar a ser una especie de estructura de protección emocional. Simplemente porque yo ya no administro el dinero; administro mi miedo. Y esa diferencia cambia completamente la dinámica de la Abundancia en mi vida. Para no sufrir el posible dolor que me da perder algo, simplemente lo anulo. Y fuera de eso, me puedo decir a mí mismo: “Si no lo hago yo, quién más lo va a hacer”. Tu magia te va a decir que estás haciendo lo correcto. Bello tu Ego.



Y entonces puedes entender cómo hay personas que, viviendo desde la escasez, no necesitan verse realmente pobres o económicamente cortas; es posible que te encuentres personas con ingresos interesantes o con su vida económica ya acomodada, pero que siguen tomando decisiones desde la roñosa sensación de insuficiencia. Eso aplica no sólo para el ámbito económico, sino también para el sentimental y el académico; si no entiendes que es lo mismo, es posible que esa conversación no sea para ti; aún.




La inversión como espejo

Cuando pagas por algo valioso y eres realmente consciente en lo económico (¿Ya viste el curso que te dejé arriba?) puedes verte en un momento de iluminación personal, porque vas a preguntarte una cosita que muchas otras personas evitan durante años: “¿Confío realmente en mi capacidad para crear más?”


Y te voy a dejar nota de esto.

No se trata propiamente del precio. Se trata de lo que ese precio representa para tí.


Pagar algo puede hacerte entender que expresas una mentalidad orientada hacia la construcción, hacia la elevación, te pone hacia arriba; o puedes expresar una mentalidad fija, que estará atrapada en la Protección (real o falsa). El Hacer se expresa en el Recurso. Y el Recurso siempre cuenta una historia. Entonces la manera en que usas ese Recurso habla de ti propia mentalidad.



Cierro esperando que entiendas que no deberíamos medir la abundancia únicamente por la cantidad de recursos o capital económico que una persona posee; deberíamos medirla por la inteligencia y habilidad con la que esa persona relaciona sus capitales actuales, con la posibilidad de crear otros capitales en el futuro.



Así, la pregunta más profunda no debe ser cuánto puedes pagar por algo. Quizás la verdadera abundancia no comienza cuando tienes o te llega más. Quizás comienza cuando realmente dejas de expresarte como quien cree que tiene poco. O demasiado poco.



Si esta lectura te mostró que tu relación con el dinero puede estar administrando miedo más que recursos, puedes profundizar este trabajo en el curso en diferido que te dejé arriba. No para aprender a gastar sin criterio, sino para reconocer desde qué arquitectura mental estás decidiendo.


Por Luis Ardila - @soybiorbe

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